
Me llamo Rocio, vivo en Salamanca y, desde que tengo memoria, recuerdo haber tenido un trozo de tela en mis manos. Mi familia vivió la época de posguerra y, mi abuela, siempre me contaba cómo aprovechaba cualquier retal para confeccionar ropa para mi madre y sus hermanos. Una de las cosas que más me impresionó fue saber que, con la ropa que mi abuelo trajo de la guerra, hizo dos trajes para mis tíos...
¿vosotros creéis que hoy seríamos capaces de llegar a esos extremos? Cuando era pequeña me gustaba sentarme a su lado insistiendo en que yo también quería coser. Al final un pedazo de tela y una aguja me llevaron a donde estoy.
Aprendí muchas cosas, muchos tipos de bordado, pero me quedé con el punto de cruz. Me apasiona como, poco a poco, van apareciendo sobre la tela los diseños más complicados. La variedad de colores que se pueden utilizar, la cantidad de telas distintas con las que se puede experimentar, la infinidad de productos distintos que se pueden crear es, todavía hoy, una sorpresa.
Bordo porque me gusta. He acumulado cientos de trabajos a lo largo de los años pero nunca he expuesto ninguno. En mi entorno me animan para que lo haga, pero pienso que si los expongo y son rechazados, algo de la magia se rompería. A pesar de todo sigo cosiendo. Cada año, en Navidad, intento obsequiar a mis amigos y familiares con detalles que he ido realizando durante el año. Desde iniciales bordadas hasta grandes cuadros, un mantel individual personalizado, un marcapáginas, algún adorno navideño... cualquier cosa que me parezca adecuada para la persona obsequiada
Suelo coser por las noches y fines de semana, cuando mi familia y mi trabajo me dejan tiempo libre. Me gusta hacerlo en un rincón del sofá, con buena iluminación y rodeada de todos mis accesorios. Soy meticulosa y obsesiva con todo lo que hago y eso se refleja en las labores.
Hablar de sensaciones. Me gustaría que mis obras se vieran como detalles distintos y originales capaces de provocar algún sentimiento. Lo que está claro es que cada uno de mis trabajos está hecho con precisión, ilusión y dedicación. Su valor no es tanto monetario como sentimental. Creo que el trabajo artesano no está nunca bien valorado. Si cobras por las horas empleadas por la labor nadie podría pagarlo, si pretendes cobrar solamente por los materiales empleados sería demasiado barato.
Para mi, lo más difícil es poner precio a un producto. ¿Qué precio puedes poner a la ilusión?
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Rocío Lorenzo
La que hace esto
